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De Acuerdo a Su Plan

Currículo
Respuesta para Estudiantes
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TEXTO: Juan 3:3,16; 17:15-17; Hechos 1:5-8

Así como el alfarero moldea una vasija para que sirva un propósito, Dios quiere moldear nuestras vidas de acuerdo a su plan.

CAMINANDO LENTAMENTE a lo largo del río, el alfarero escudriña la tierra al lado de sus pies. Su atención es captada por una línea de tierra rojiza casi a su izquierda. ¿Sería éste el tipo de barro que él busca?
Inclinándose un poco, ensarta su pala en lo profundo de la tierra rojiza. Después de remover un poco con la pala, frota un poco de barro entre sus dedos. Años de experiencia le ayudan a reconocer que éste barro suave y brillante es realmente, de buena calidad. Se mantendrá compacto. Se puede trabajar. Cuidadosamente separa un trozo de barro y lo pone dentro de su costal. Luego lo hecha sobre su hombro y vuelve a su taller.
Dios es como el alfarero de la historia. Él quiere hacer una vasija que Él pueda usar. Su vasija será un ser humano, con su vida dedicada a Él. Como el alfarero, primero ha de encontrar Su material. El alfarero buscó barro utilizable y lo halló, luego lo separa del lodo del río. Dios busca a personas dispuestas a someterse a Él. Cuando Él los saca del “lodo”, problemas, culpas y pecados en la vida, a esto le llamemos la “salvación.” Esto causa un cambio completo. La Biblia nos dice: “Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
El alfarero pone el barro al sol para que seque Cuando está seco, une todos los pedazos y los pulveriza. Luego viene el proceso que es vital, la limpieza. Cernir este polvo a través de cedazos de varios tamaños, el alfarero separa la tierra, ramas, y cualquier otra cosa extraña, hasta que el polvo del barro esté completamente limpio.

VERSO CLAVE: Yo quiero todo lo que Dios tiene para mí.
Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. — Efesios 6:11

Después de recibir la salvación, viene un segundo paso. Le llamamos la “santificación,” o limpieza. Esta es una experiencia completamente diferente a la salvación. Del mismo modo que el alfarero elimina las impurezas del barro, Dios limpia nuestros corazones cuando experimentamos la santificación. En la salvación, somos perdonados de todas las cosas malas que hemos hecho, pero cuando somos santificados Dios elimina todos los deseos que hayamos tenido para hacer el mal.
Cuando el proceso de la limpieza es completado, se le añada agua al barro para suavizarlo, para que se pueda trabajar mejor. El alfarero amasa el barro, eliminando todo el aire que se encuentra en el barro. Después llega el momento de formar el trozo de barro en una vasija utilizable. El alfarero sabe exactamente lo que quiere crear. Colocando el barro sobre la rueda, lo lleva hasta el centro, porque sólo cuando está bien colocado, se puede trabajar.
La rueda comienza a girar, y las manos del alfarero comienzan a moldear y a dar forma. Un poco de presión aquí, levantar un poco allí, y el barro es completamente manejable, no resistente, aceptando la dirección del alfarero. Por fin, la vasija es completada.
Después que somos santificados, deseamos más que nunca hacer algo para Dios. Queremos que Dios, como el alfarero, nos “forme” en algo que Él pueda usar. Por eso, necesitamos el bautismo del Espíritu Santo. En ocasiones a veces le llamamos a esta experiencia, “Poder para el servicio.”
El primer paso para recibir el bautismo, es estar seguros que estamos “centrados.” Del mismo modo que el barro tiene que estar en la posición correcta, en el centro de la rueda del alfarero. Así también debemos estar en el centro de la voluntad de Dios, listos y dispuestos para hacer lo que Él diga. Debemos ser como el barro, manejables y deseosos de aceptar Su dirección. Luego, cuando oramos sinceramente de corazón, Dios enviará Su poder a nuestras vidas, haciendo que estemos en condición de trabajar efectivamente para Él.
Después de un período de secado, se aplica el glaseado, y se mete en un horno. En el horno la vasija endurece para que pueda resistir algún uso brusco. Después ¡el proceso está completo! La vasija ya puede ser usada.
Aún cuando hayamos recibido la salvación, la santificación y el bautismo del Espíritu Santo, las pruebas vendrán a nuestras vidas. Podemos comparar esto con el “calor” de nuestra historia del alfarero. Y cuando salimos de las pruebas y las tentaciones, nos daremos cuenta que hemos sido fortalecidos, del mismo modo que la vasija de barro.
Dios quiere usarte. Él tiene un plan para ti. ¿Has dejado que Él sea el “alfarero” en tu vida? ¡Si todavía no lo haz hecho, hazlo hoy!

ACTIVIDAD DE LECCIÓN: Creciendo Como Dios Quiere