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Si es un nuevo Cristiano, lea atentamente el
devocionario, “30 Días en Camino a la Eternidad” disponible en Español
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Las
Experiencias Fundamentales del Cristiano
Salvación
La Biblia nos enseña claramente que todos nacimos en pecado. Se
lee en Romanos 3:23. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios.” Enfrentamos la pena de muerte a causa de
nuestros pecados, la Biblia también dice que el alma que peca morirá.
Cada uno de nosotros necesita ser salvado – que se nos otorgue el
perdón para esta pena de muerte y ser liberados del poder de Satanás.
La salvación no se logra uniéndose a una iglesia, aceptando
a Cristo, o simplemente pasando a una nueva página y decidiendo
hacerlo mejor. Nacer de nuevo es ser salvado de nuestros pecados, perdonado,
y hacer una nueva criatura en Jesucristo. Cuando esto ocurre, hemos cambiado
en un momento. Esta transformación definitiva se compara en la
Biblia con un nuevo nacimiento.
En Juan 3 leemos un relato de una conversación de Jesús
con un hombre llamado Nicodemo, un gobernante de los Judíos. Jesucristo
le dijo, “Os es necesario nacer de nuevo”. Nicodemo preguntó
“¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?”,
no comprendía lo que Jesús estaba diciendo, pero Jesús
le explicó que Él no se refería al nacimiento físico.
Lo que Él quería decir es que ese hombre, debido al pecado
en su corazón, necesita tener un renacimiento espiritual.
“Renacimiento espiritual”, y “Nacer de nuevo”
son otras frases que significan salvación. Esta salvación
es posible para nosotros por el sacrificio de Jesucristo hecho en el Calvario.
Él tomó la pena de muerte por nuestros pecados y murió
para que podamos ser liberados.
Recibimos el perdón que Él nos consiguió cuando nos
arrepentimos y nos apartamos de nuestros pecados. Vamos ante Dios santo
y decimos, “Ten piedad de mí. Perdona los errores que he
cometido. Les he dado la espalda”. Dios perdona a aquellos que sin
reservas desean apartarse de cualquier acción que pudiera no agradarle
y a aquellos que desean someterse a sus órdenes y deseos por sus
vidas.
Dios no hace excepción de personas. Él dice “Al que
a mí viene, no le echo fuera” Juan 6:37. No importa cuáles
sean tus antecedentes, en que iglesia hayas estado, o qué clase
de vida hayas llevado, la salvación está disponible para
cualquiera.
¿Cómo sabes si has sido salvado? La Biblia nos dice “Ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús” Romanos 8:1. El Espíritu de Dios es testigo
con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, haciéndonos
saber que hemos sido convertidos. Tenemos un deseo y un propósito
de vivir de forma diferente. “De modo que si alguno está
en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí
todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Si eres hijo de Dios, han sido liberado de los garras del diablo. Tienes
el poder para irte y no pecar jamás. Gracias a Dios por Su perdón
y por la salvación que te ha proporcionado!
Santificación
Cuando creemos en Jesucristo y nos volvemos Cristianos renacidos, los
pecados que hemos cometido son perdonados. Esta es la experiencia de la
salvación. Sin embargo, la naturaleza carnal del pecado heredado
de Adán y Eva todavía necesita ser limpiada. Debido a que
violaron los mandamientos de Dios, Adán y Eva se convirtieron en
pecadores con una naturaleza depravada, y esa naturaleza del pecado pasó
a toda la raza humana. Esta solo puede ser eliminada mediante la santificación.
La santificación nos hace puros – santos de corazón
– eliminando la tendencia interior heredada de pecar. Fuimos salvados
ya que Jesucristo murió en el Calvario. Nuestra santificación,
así como también nuestra salvación, están
disponibles debido a Jesús, “Para santificar al pueblo mediante
su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12).
La santidad del corazón viene debido a que Dios, a través
del sacrificio de Cristo, en una colina fuera de Jerusalén, trazó
el camino para que nosotros podamos ser liberados de la depravación
de la naturaleza humana. No debemos hacer caso omiso o minimizar esta
doctrina de la santificación, ya que es esencial en nuestras vidas
cristianas.
No reivindicamos que la santificación nos hace humanamente perfectos.
No decimos que cualquier cosa que hagamos es exactamente correcta desde
ese punto en adelante. No, todavía somos humanos y por esto estamos
sujetos al error humano. Olvidamos. Cometemos errores en juicios. Sin
embargo, Dios nos da un propósito santo y pureza de razón.
Uno de los significados de traducción de la raíz de la palabra
santificar es “separar o consagrar a una causa santa”. Cuando
se consagró la construcción de nuestra iglesia en Portland,
teníamos un servicio de consagración, orando para que Dios
pudiera bendecir nuestra construcción. Esto es lo que puede llamarse
santificar el lugar, consagrando este a un propósito santo. De
la misma manera, nosotros como individuos nos dedicamos a un propósito
santo. Humildemente le pedimos a Dios que acepte el ofrecimiento de nuestras
vidas y nuestro servicio. Nos separamos del mundo, determinando evitar
cualquier aparición del demonio. Es el papel que desempeñamos
al preparar nuestro corazón para la santificación.
Después, cuando hemos realizado las consagraciones necesarias,
Dios limpia nuestro hombre interior. Esta experiencia de santificación
es una obra de gracia instantánea por medio de la cual la naturaleza
innata del pecado se purga de nuestras vidas. El resultado es que nuestras
tendencias internas hacia el pecado ya no estarán más presentes.
La gloria de Dios llena nuestras almas cuando somos santificados, haciendo
que sepamos que el trabajo está hecho. Pablo se refiere a esta
parte de la santificación cuando escribió esto a los Tesalonicenses,
“El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro
ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la
venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).
La doctrina de la santidad es vital. Queremos estar seguros de que fuimos
salvados y seguros de que fuimos santificados.
El Bautismo del Espíritu Santo
La palabra de Dios es definitiva acerca de la importancia del bautismo
del Espíritu Santo. Este es un trabajo diferente a la salvación
o santificación, y se da por una causa diferente. La salvación
es justificar. La santificación es purificar. El bautismo del Espíritu
Santo es para dar poder, y el testigo externo de esa experiencia es el
que habla en lenguas extrañas mientras el Espíritu le daba
facultad para expresarse.
Las últimas palabras registradas de Jesús a Sus discípulos
fueron una orden de que deberían esperar en Jerusalén hasta
que recibieran el Espíritu Santo. Leemos en Hechos 2:1, “Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes
juntos.” Lea cuidadosamente este verso en la versión de la
Biblia del Rey Jaime. Especialmente observe las palabras “todos
unánimes juntos.” Jesús ha orado para que Sus discípulos
sean santificados. Y aquí encontramos que estaban todos juntos
en un mismo lugar. En otras palabras, han sido santificados.
El Espíritu de Dios ha descendido, porque aquellos que han estado
orando han preparado sus corazones para recibir. “Y de repente vino
del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó
toda la casa donde estaban sentados. Y se les aparecieron lenguas repartidas,
como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos
llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:2-4).
Algunas personas enseñan que el bautismo del Espíritu Santo
fue dado solamente para establecer la Iglesia Temprana. Sin embargo, en
el día de Pentecostés, Pedro le dijo a miles que escuchaban
su predicación que la promesa era para ellos, y para sus hijos,
“y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor
nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39). Lo que incluye a los creyentes
de nuestros días.
La Palabra de Dios nos enseña que el Espíritu Santo fue
dado para confortarnos y asesorarnos. Nos guiará a la verdad absoluta
y nos dará el poder y la habilidad para ser testigos efectivos
para Cristo. Él nos traerá a la memoria las enseñanzas
de Jesús. Él dirigirá nuestros pasos, nos dará
esperanza y protección espiritual, nos ayudará con nuestras
enfermedades, y nos elevará en nuestras debilidades.
¿Fuiste realmente salvado? ¿Fuiste santificado? ¿Has
recibido el bautismo del Espíritu Santo? Si la respuesta es no,
busca a Dios para estas experiencias.
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