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Si es un nuevo Cristiano, lea atentamente el
devocionario, “30 Días en Camino a la Eternidad” disponible en Español
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El Renacimiento
Eres Cristiano? Es de vital importancia saberlo. Ser miembro de la Iglesia
es honorable, y hacer el bien es digno de alabanza. Pero todavía
se mantiene la pregunta de la búsqueda del alma: ¿Realmente
eres un cristiano renacido? Jesús dijo, “que el que no naciere
de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).
Un cristiano renacido es uno que se entrega completamente a Cristo. Esto
es necesario para heredar la vida eterna. Cuando Jesús le dijo
a Nicodemo que necesitaba volver a nacer, Nicodemo no comprendió.
Entonces Jesús utilizó la ilustración del viento.
Aunque nosotros no comprendemos completamente cómo o por qué
sopla, sabemos que sopla, y podemos ver su efecto. Así es cuando
una persona renace. No podemos comprender cómo pasa, pero vemos
y sentimos los resultados.
Mucha gente que clama ser cristiana, ignoran este renacimiento, mientras
otras tratan de recibirlo a su manera. No se puede obtener haciendo el
bien, uniéndose a una organización religiosa, o meramente
dando vuelta a la página. Hace falta un corazón arrepentido,
un santa tristeza por los pecados que se han cometido, y separarse del
pecado. Entonces mediante la fe, uno debe alcanzar a Dios para obtener
piedad y perdón, y clamar por Su promesa de perdón. Uno
puede saber personalmente que quiere decir renacer. Una oración
como la que el publicano oró, “Dios, sé propicio a
mí, pecador”, te llevará el perdón del Señor.
La Biblia dice que el publicano fue justificado (Lucas 18:13-14).
Algunos pueden sentir que solo han cometido pequeños pecados y
que no necesitan ser justificados. Debido a que Adán y Eva desobedecieron
a Dios en el Jardín, toda la familia humana se convirtió
en pecadora por medio del nacimiento y necesitan arrepentirse. Sin embargo,
Dios proporcionó el plan de modo que todos seamos salvados. Jesús,
Hijo de Dios, murió en nuestro lugar para que podamos tener la
remisión de nuestros pecados por medio de Su Sangre (Colosenses
1:14).
Por la muerte de Cristo, cada persona tiene la oportunidad de ser perdonado.
Ninguno es retenido bajo el cautiverio del pecado y la condena sin una
oportunidad para convertirse en hijo de Dios. Nadie sirve a Satanás
ya que no tiene el poder de elegir. Jesús derramó Su Sangre
para que todos podamos ser redimidos.
La brecha entre el pecador y el Salvador debe ser cruzada mediante la
fe en Dios. La fe cree en lo que Dios dice. En Hebreos 11:6 leemos, “Es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador
de los que le buscan”. Jesús dijo, “Porque de tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para
que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”
(Juan 3:16). La fe alcanza a una persona de modo que esta puede experimentar
la gracia salvadora a través del poder de redención de Cristo.
El primer paso hacia el perdón es darse cuenta de que se necesita.
La Biblia dice que todos hemos pecado. “Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está
en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1
Juan 1:8-9). Muchos sienten que son muy débiles para sobreponerse
al pecado. Están en su propio poder, pero cuando uno renace, su
vida cambia. Dios le da el poder para obtener la victoria sobre el pecado.
Entonces puede decir como Pablo el Apóstol, “Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,
los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”
(Romanos 8:1).
Cuando te arrepientes y le pides a Dios que te perdone “El Espíritu
mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”
(Romanos 8:16). Sabrás que has sido perdonado. La paz, la alegría,
el amor de Dios llenarán tu corazón y te sentirás
en una amistad sagrada con Él. A medida que continúes viviendo
según la voluntad de Dios, tu vida será testimonio de que
eres un discípulo de nuestro Señor Jesucristo.
Muchos fueron derrotados, una representación de la desesperación,
cuando llegan a Dios. Algunos se encontraban sin esperanza unidos al crimen,
la inmoralidad, las drogas, o el alcohol. Pero Dios se las proporcionó
instantáneamente. Hasta su semblante cambió cuando se arrepintieron
con un corazón honesto. Otros fueron tan obedientes, orgullosos,
morales y amables que no vieron su necesidad de salvación. A pesar
de eso cuando estos obedientes vieron su necesidad y se arrepintieron,
Dios realizó un gran cambio en sus vidas.
Mientras la mayoría de las personas son salvadas en la iglesia,
tu puedes ser salvado en cualquier sitio. Las personas han sido salvadas
en sus casas, solos en los bosques, o caminando en la multitud. Otros
se han arrodillado en la celda de una prisión. Dios solamente requiere
de un corazón honesto. “Y todo aquel que invocare el nombre
del Señor, será salvo” (Hechos 2:21).
No pienses que te has perdido muy lejos en el pecado para poder recibir
esta salvación. Cualquiera que sea tu condición, Jesús
puede y está ansioso por salvarte. Él dice, “Y el
que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Revelación
22:17). En lugar de las palabras “el que quiera”, puedes escribir
tu nombre.
Si deseas ser salvado, Dios nunca te defraudará. Jesús dice,
“Y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).
Todo lo que tienes que hacer es cumplir con las condiciones que Dios ha
dejado en Su Palabra. Ora con un corazón honesto, “Señor,
soy pecador y necesito perdón. Ten piedad de mí y te serviré
el resto de mi vida”. Una oración sincera como esa recibirá
una respuesta. Cuando recibas la experiencia del renacimiento, tu nombre
será escrito en el Cielo, y tendrás esperanza de vida eterna.
¿Vas a invocar a Dios ahora? “Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis
vuestro corazón” (Salmo 95:7-8). Invítalo a tu corazón
y encuentra el perdón.
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