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Si es un nuevo Cristiano, lea atentamente el
devocionario, “30 Días en Camino a la Eternidad” disponible en Español
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El Camino hacia la Santidad
Has deseado alguna vez poder acercarte más a Dios? ¿Deseas
parecerte más a Él en tus acciones diarias?. Busca el camino
hacia la santidad. Busca a Dios para la Santificación.
La Biblia enseña que la experiencia de la justificación
y la experiencia de la santificación son dos trabajos de gracia
diferentes. Son recibidos por la fe a través del poder de la sangre
derramada de Jesucristo.
La palabra santificar significa “Hacer santo, purificar, consagrar,
dedicar, limpiar y separar.” Para ser santificado el cristiano renacido
debe consagrarse, dedicarse y separarse a Dios y a su voluntad. Así
Dios hará Su parte, purificando el corazón y volviéndolo
santo.
Cuando Adán desobedeció a Dios en el Jardín del Edén,
el pecado entró en su corazón. Cada persona que nace en
este mundo ha heredado la naturaleza del pecado. Pero la santificación
elimina esa naturaleza Adámica y limpia el corazón. La tendencia
interna heredada para pecar, ha sido eliminada por la Sangre de Jesús,
y el corazón fue hecho puro y santo.
La santificación es proporcionada a través de la Sangre
de Jesús. Nos dijeron en Hebreos 13:12, “Por lo cual también
Jesús, para santificar al pueblo de Dios, con su propia sangre,
padeció sin la salida.”
La santificación nos trae santidad. Dios es un Dios santo. El Cielo
es un lugar santo, y Dios siempre ha pedido santidad. Sus palabras dicen,
“Habéis de ser santos, porque yo soy santo” (1 Pedro
1:16).
Cristo quiere que Su Iglesia esté hecha de gente santa y purificada.
Se entregó a sí mismo por la Iglesia, “Para santificarla,
habiéndola limpiado con el lavamiento de agua con la palabra, para
que se la presentase a sí mismo, Iglesia gloriosa, no teniendo
mancha, ni arruga, ni otra cosa semejante, sino que fuese santa e inmaculada”
(Efesios 5:26-27).
La santificación también conlleva a la unidad, una unidad
entre la gente de Dios. “Porque tanto el que santifica, como los
que son santificados, de una misma naturaleza son” (Hebreos 2:11).
Jesús oró por Sus discípulos “para que ellos
sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22). Esta
oración fue definitivamente contestada, para antes del día
de Pentecostés “todos estos continuaban unánimes en
la oración y suplica” (Hechos 1:14).
La santidad y la unidad que resultan de la santificación debe ser
el deseo de todo cristiano. Y la experiencia de la santificación
es para todos aquellos que han sido salvados de sus pecados. Esto también
lo muestra la oración de Jesús para Sus discípulos,
“Ellos no son del mundo, así como yo tampoco soy del mundo.
Santifícalos con la verdad: tu palabra es la verdad” (Juan
17:16-17).
Jesús no oraba por los pecadores ya que oraba por aquellos que
se encontraban en el mundo pero no eran del mundo. Sin embargo, incluyó
a los cristianos de hoy:
“Más no ruego solamente por estos, sino por aquellos que
también han de creer en mí por medio de la palabra de ellos;
para que todos ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que
tú me enviaste” (Juan 17:20-21).
Si deseas ser santificado, entrega completamente tu vida a la voluntad
de Dios. Conságrate y entrégate completamente a Él,
y deja que tenga Su camino en todos tus planes, esperanzas y deseos. Mira
hacia Dios con una fe simple, alabándolo y creyendo en Él
para la santificación. Dios hará a tu corazón puro
y santo por la limpieza de la Sangre de Jesús. La naturaleza pecadora
con la cual has nacido será destruida.
Sabrás cuando recibas la experiencia de la santificación,
justo como cuando supiste que fuiste salvado. El amor divino de Dios inundará
tu corazón. La paz más profunda, descanso y felicidad llegarán
a tu alma. El espíritu de Dios será testigo con tu espíritu
que estás santificado.
Después de que una persona es santificada, es más fácil
vivir una vida cristiana alegre y victoriosa, debido a que la naturaleza
pecadora heredada no se encuentra más dentro. La tentación
y la adversidad continuarán viniendo, pero la tendencia hacia el
pecado habrá desparecido.
Sin embargo, aun cuando una persona santificada tiene un corazón
que es perfecto hacia Dios, esta persona no es perfecta de la misma forma
que Dios es perfecto. Sigue siendo humana y comete errores. Puede juzgar
mal una situación y estar muy equivocada. Pero sus motivos son
los correctos. En su corazón ansía hacer la voluntad de
Dios, y hacer todo lo correcto para todos.
Después de recibir la experiencia de la santificación, una
persona debe continuar aplicando la Palabra de Dios en su corazón.
Estudiar la Biblia, las oportunidades diarias para aprender la voluntad
de Dios, y Sus correcciones enseñan a una persona cómo seguir
Sus caminos más perfectamente.
¿Quieres tener esta experiencia de santificación? ¿Deseas
vivir una vida santa? Tú puedes. Si eres salvado, y no santificado,
reza para ser santificado. En el momento que
hagas una entrega completa a Dios y creas en Su Palabra de promesa, el
Señor te santificará. Entonces estarás listo para
buscar y recibir el bautismo del Espíritu Santo, la dotación
del poder de servicio.
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