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Dios es Mi Esposo
El Señor usó un seto vivo para probar a esta
mujer que Él se haría cargo de ella.
Por Dee Cummins
El Señor usó un seto vivo para probar a esta mujer que Él se haría cargo
de ella.
Han pasado alrededor de siete de años desde que el Señor me salvó. Yo
realmente quería ser salva mucho antes de cuando lo fui, pero mi vida
estaba enredada en mi tercer matrimonio. Mi esposo era un hombre rico,
y él era muy bueno conmigo. Yo no podía imaginar decirle que no podía
estar casada con él, pero tampoco podía ser feliz. Yo había sido criada
en un hogar cristiano, y sabía que vivir en el adulterio estaba mal.
Una guerra en el Medio Oriente me asustó tanto que creí que el Señor iba
a venir y que yo me quedaría. Sola en mi automóvil en mi camino al trabajo,
lloraría a Dios. Le prometí que si Él me ayudaba a salir de mi matrimonio,
yo le daría mi vida. Un día, el Señor le habló a mi corazón, “Vas a estar
clamando y orando a mí, y voy a venir.” ¡Ese pensamiento me aterrorizó!
Casi al mismo tiempo, mi hermana me envió alguna correspondencia y una
nota con la Escritura: “Ningún hombre puede servir a dos amos.” Yo sabía
a quién servía, y no me gustaba la idea.
Al lado de mi cama, me arrodillé y le dije al Señor que no me importaba
lo que me sucediera si tan sólo Él me perdonara. En un abrir y cerrar
de ojos, Él misericordiosamente me salvó, y me ha ayudado desde entonces.
Dios me ayudó a salir de mi matrimonio en una manera decente y ordenada.
Tan pronto como mi esposo encontró un lugar para comprar, se mudó de mi
hogar. Por supuesto, se llevó sus herramientas con él, y no pasó mucho
tiempo para que me diera cuenta que yo no estaba bien preparada para el
cuidado de mi hogar y jardín por mi misma. Pertenecía a una asociación
de propietarios de casa y había acordado mantener mi lugar en buenas condiciones.
El mayor problema era el seto vivo que cruzaba a través de la parte de
enfrente de mi propiedad. Era de alrededor de veinte metros de largo y
muy alto. Aun si yo hubiera tenido las herramientas para cortarlo, no
creo que hubiera podido llegar tan alto. Y ciertamente no podía costear
que alguien me lo recortara, pues tenía un presupuesto muy limitado.
En aquel entonces, yo no tenía a nadie que me ayudara. Sabía que mi esposo
observaba mi vida, así como sus padres y miembros de mi propia familia.
No quería que ellos pensaran que había hecho una mala decisión cuando
elegí seguir al Señor, así que hice la única cosa que sabía hacer, y eso
era orar. Mientras más crecía el seto vivo, más fuerte oraba.
Un día leí el verso que decía, “Pues el Creador es tu esposo, el Señor
de los ejércitos es su nombre.” Sentí como si hubiera encontrado un tesoro.
Le pregunté al Señor: “¿Significa esto lo que creo que significa? ¿Significa
que Tú serás mi esposo y ayudarás con cosas como mi seto vivo?” Yo quería
y necesitaba que esa promesa fuera cierta en mi vida.
En la mañana de Navidad de ese año, miré fuera de la ventana de mi comedor
y vi que mi seto vivo estaba completamente cortado a lo largo. Había sido
perfectamente formado y no había ninguna hoja bajo él. Yo sabía que eso
era un milagro y que el Señor lo había hecho por mí. Hice algunas preguntas
para averiguar si alguien sabía algo sobre eso, pero nadie sabía.
Algunos meses después, decidí poner mi casa en venta. Mientras tanto,
el seto vivo había crecido, y de nuevo, yo estaba muy desalentada. Quizá
pensé que el Señor no haría un milagro dos veces. Yo no quería ser ingrata
por la ocasión en la cual Él lo había cortado por mí, pero me preguntaba
quien compraría la casa con un seto en tales condiciones. El corredor
de bienes raíces me llamó una noche para preguntarme si podía mostrar
mi casa. Al caminar a lo largo de mi seto vivo para ir al buzón, un sollozo
salió de mi corazón, y le dije al Señor, “Todavía eres mi esposo.” La
noche siguiente, cuando regresaba a casa del trabajo, mi seto había sido
nuevamente cortado —derecho a lo largo, ni una hoja debajo. Sabía que
era otro milagro. ¡El Señor había mantenido su promesa hacia mí!
Mi hogar se vendió de inmediato, y he tenido estos años para probar a
Dios. Él ha sido un buen esposo conmigo. Él ha cumplido ciertamente con
su parte del trato. Le agradezco con todo mi corazón.
Dee Cummins es miembro de la Iglesia de la
Fe Apostólica en Portland, Oregon.
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