Jesus-The Light of the World
Store
Contact Us
Search
Site Map
The Apostolic Faith Church
Home
About Us
For You
News
Resources
     
Printed Publications
Images
Audio
Sunday School Curriculum
Christian Book Reviews
Foreign Languages
eCards


 
Daily Devotional
Steps to Deliverance
Prayer Requests
FAQ
Subscribe to e-Mail List
 

Otros artículos de interés

Si es un nuevo Cristiano, lea atentamente el devocionario, “30 Días en Camino a la Eternidad” disponible en Español .

Ordene Publicaciones en Español.




Home / Resources / Spanish /


Diagnóstico: Cáncer


Por Bonnie Davis

¿Qué puede estar mal conmigo? Ese pensamiento venía a mí una y otra vez mientras conducía el autobús escolar un día de primavera. El clima era hermoso y mi ruta en ese entonces era pintoresca y agradable. Hubiera sido un día perfecto excepto por la manera en que me sentía: excepcionalmente cansado.

Era una madre joven entonces, aparentemente con buena salud, con un hijo adolescente. Ese día tenía programados tres viajes separados tanto para la mañana como para la tarde. El autobús que conducía era de 12 metros de largo, y yo soy una mujer pequeña, así que era un trabajo desafiante para mí. Este día en particular yo estaba tan agotada que me pregunté si podía mantenerme hasta el fin de mi último viaje.

Poco tiempo después, síntomas físicos que me alarmaron comenzaron a aparecer. Comencé teniendo dolores en mi pecho y mi brazo izquierdo. Descubrí que había una protuberancia sobre mi seno y otra en mi axila, ambas muy dolorosas y suaves. Entonces comencé a sufrir de dolores terribles de presión en mi cabeza. Me di cuenta que algo estaba seriamente mal conmigo.

Los conductores de autobuses escolares tenían que cumplir con ciertas regulaciones de aptitud física, así que fui al doctor para un examen. El doctor quiso que yo fuera al hospital para una biopsia. Desde que yo era una niña, yo sabía del poder de Dios para sanar al enfermo, así que comencé a orar y pedir que el Señor me mostrara qué hacer.

Algunos años antes de esto, yo no había podido orar con ninguna confianza porque me había desviado de Dios y de mi entrenamiento cristiano. Dejando al Señor fuera de mis planes, me había casado mientras todavía estaba en la adolescencia. Pensaba que podía casarme con alguien que no fuera cristiano y entonces traerlo a la iglesia. No funcionó de esa manera. Descubrí que un hogar sin Dios podía ser un lugar muy miserable. Incluso cuando mi bebé varón nació, la felicidad no estaba allí.

Desesperadamente sentía necesidad del Señor y comencé a orar desde las profundidades de mi corazón, pidiendo a Dios que me perdonara. Él contestó, salvó mi alma, y me dio el regocijo que yo había conocido como una niña. Fue entonces cuando el Señor llegó a ser mi Guía y Consejero. Y ahora, en tiempo de gran crisis, yo sabía que podía confiar en Él para que cuidara de mí.

Después de que la biopsia se hizo, el doctor me dijo que estaba llena de un tipo muy serio de cáncer. Él quería operarme inmediatamente y quitar el cáncer del lugar donde se había originado, pero yo sabía que sólo una operación no me libraría del cáncer. Yo no quería tener la operación. ¡Yo no podía afrontarla financiera o espiritualmente! Yo no sabía si Dios me sanaría, pero yo sabía que Él podía, y yo sentía que debería mirar hacia Él en la fe para mi curación.

Le dije al doctor, “Lo siento, pero no me siento llamada a tener esta operación. Si es la voluntad de Dios, viviré; si no, entonces será tiempo para irme.” Él me advirtió que no esperara más de dos o tres semanas porque mi caso era serio, y yo no podría vivir sin la operación.

Después de que el tejido había sido cortado para la prueba de biopsia, el cáncer se esparció como un incendio salvaje a lo largo de mi cuerpo. El dolor se volvió más intenso, y me puse cada vez más débil. Parecía que mi vida estuviera menguando.

El enemigo de mi alma se mantuvo diciéndome, “Si no te haces esa operación, morirás.” Pero el Señor hablaría con mi corazón diciendo, “¡Ten fe! ¡Sostente! Mantente creyendo.” Eso es exactamente lo que hice. Mientras yo continuaba peleando contra las dudas y temores que venían a mí, el Señor me fortaleció en mi alma.

Un día, sentí como si me ahogara hasta morirme y apenas podía tragar. Casi fui superada por el dolor, pero grité, “Señor, estoy muriendo. Si es Tu voluntad, sáname, para que pueda cuidar de mis seres queridos.” Entonces vino ese pensamiento desalentador: No puedes vivir; estás llena de cáncer. Me mantuve pidiendo por mi vida, haciendo consagraciones cada vez más profundas al Señor. Una vez más oré, “Oh Señor, por favor sáname por Tu honor y gloria.” De vuelta vino la respuesta, “Yo soy el Señor que te sana.” Sabía que esas palabras venían desde el Cielo, y yo así esa promesa y la retuve.

Prometí al Señor que si Él me ayudaba, iría a la iglesia y pediría a los ministros que oraran por mí, como la Biblia instruye. Esa noche, aunque con mucho dolor y muy débil, yo fui a la iglesia. Después del servicio, los ministros untaron mi cabeza con aceite y oraron por mí. ¡Y el Señor instantáneamente me sanó! No solamente eso, Él me bendijo de una manera más maravillosa.

Él me dio una visión gloriosa. Pareció que Jesús me tomara en Sus brazos y me llevara. Había campos ante mí - extensos campos de gente que se extendía por kilómetros y kilómetros en cada dirección. Yo no comprendí la visión entonces, pero comprendo ahora. La gente que yo vi eran almas perdidas y muriendo que necesitaban que les contaran sobre Jesús. Yo tenía que contarles no solamente del poder de Dios para sanar, sino también sobre lo significa ser un cristiano renacido - tener una experiencia espiritual que saca a una persona del pecado y la hace una “nueva criatura” en Cristo Jesús. Cuando la visión de los campos de gente salió de mi vista, vi un reloj de arena. Parecía agotarse, y el Señor me decía, “El tiempo es muy, muy corto.”

Durante este tiempo de comunión con Dios, yo estaba tan envuelta por el Espíritu que no me di cuenta donde estaba. Cuando abrí mis ojos, dije, “¡Oh, estoy en la iglesia!” A mi alrededor estaban amigos cristianos que me habían visto en mi estado de abatimiento y sabían como había sufrido. Ahora, pues, las cosas eran diferentes. Sentía nueva fortaleza en mi cuerpo. No sentía ningún dolor, y las protuberancias se habían ido. No había tenido ningún apetito por días y estaba muy delgada, pero ahora quería algo de comer.

Al día siguiente, el cáncer comenzó a pasar, poco a poco, de mi cuerpo. Continuó haciéndolo por varias semanas, y durante ese tiempo yo me sentía cada vez más fuerte.

Continué conduciendo el autobús escolar después de mi curación, y cuando el tiempo vino para otro examen, cuatro de los mejores especialistas en la ciudad cuidadosamente analizaron mi caso y ninguno encontró rastro de cáncer. Hoy, muchos años después, todavía estoy libre de esa enfermedad.

El Señor me dio un nuevo comienzo en la vida cuando Él me sanó. Quiero cumplir con la comisión que me ha sido dada.

 

 

Copyright © 2009, The Apostolic Faith Church. All Rights Reserved.